>>47826Si Necro es Jimmy y no quiere reconocerlo, ya es asunto suyo. Yo fui camarada de Necrotemante, no de Jimmy Cruz. No me interesa el civil detrás del avatar. Es como si me dijeras que Comegordas3000 es María Crucci: puede que sí, puede que no, pero el juego siempre fue con el personaje.
Siempre entendí esto como una especie de rol, un teatro digital. Nunca me obsesionó saber quién estaba detrás de la bola amarilla. Esa curiosidad era más propia de detractores o aliados de Dross que necesitaban bajar el telón y señalar al actor. A mí me interesaba la obra, no quien la interpretaba.
Con Sipán había otra dinámica. El “doc” parecía necesitar marcar territorio y dejar claro quién movía los hilos. Muchas veces sentí que no solo intentaba sacarme información, sino también imponer su voluntad. Las conversaciones se volvían tensas, cargadas de una competencia intelectual.
Me mostró datos personales de ScarDrozz como quien exhibe una carta bajo la manga. Incluso me pidió que le pasara información privada de Danny Crimson a Dross. Me negué, y esa negativa le molestó bastante.
Mientras yo festejaba la domada de Legión Holk al veneco, él minimizaba todo: decía que eso era irrelevante, que lo único que importaba era Crimson, como si el tablero completo no valiera nada si no se tocaba esa pieza específica.
Yo nunca renegué de mi identidad. En cambio, House y Necro eligieron el anonimato como trinchera permanente. Y sí, el anonimato es genial: te protege, te da libertades, te permite moverte sin consecuencias directas. Pero también te limita. Te convierte en sombra.
Recuerdo cuando Dross se preguntaba por qué mostraba mi “cara de cabra” si supuestamente me ocultaba. La respuesta es simple: no me oculto, me transformo. Soy un demonio que disfruta cruzar el umbral entre el infierno digital y la tierra tangible. El mundo virtual es divertido, sí, pero hay algo más intenso en irrumpir en la realidad.
Porque, seamos honestos:
¿qué sentido tiene trollear a alguien que jamás podrá asociar el golpe con un rostro?
¿qué sentido tiene cruzarlo en la calle si para él no eres más que un fantasma?
Siempre odié ese vacío del anonimato, ese limbo donde todo ocurre, pero nada tiene cuerpo.
A veces imagino a los demonios saliendo del inframundo: dejan atrás el anonimato, el eco sin forma… y toman carne. Caminan entre humanos sabiendo que pueden ser vistos. No todos soportan esa exposición. Algunos disfrutan el caos desde la oscuridad; otros necesitamos sentir la fricción del mundo real, aunque queme.
Solo quiero divertirme.
Pasar el rato.
Y, de vez en cuando, salir del infierno para ver qué tan frágiles son los que se creen intocables.
Los demonios del infierno —los trolls— también merecemos disfrutar del mundo real.