Las amigas joteras clasemedieras deberían abstenerse de hablar demasiado de hombres musculosos frente a sus amigos gays. No porque esté mal desearlos, sino porque el asunto es mucho más profundo.
Dice que le gustan los altos, mamados, con mandíbula marcada y espalda de gladiador romano, que la encienden. Y el gay piensa: claro, así como a mí me gustan los millonarios de buen corazón buscando cumplirme todos mis deseos y berrinches. Porque una cosa es hacerse la que quiere y otra querer de verdad.
La amiga pasa horas mostrando Instagrams y reels de modelos diseñados en el laboratorio de algún villano genio en genética aplicada. Pero luego llegan con un contador. Un programador. Un arquitecto con gastritis. Un señor que usa lentes transición. Un hombre que paga impuestos sin deberle dinero al SAT. Un hombre que tiene una carpeta para sus documentos importantes. Y la conversación misteriosamente se vuelca alrededor de estabilidad, comunicación, proyecto de vida, la posición frente a los compañeros de escuela y mudarse a una mejor colonia.
Porque el musculoso dotado funciona bien como criatura mitológica.Como el centauro.El dragón.El hombre que responde mensajes, quiere escuchar lo que soñaste anoche y se aprende los nombres de tus amigas. Nadie duda de su existencia. Pero cuando hay que escoger escuela para los hijos o discutir tasas hipotecarias,el plan mental que les programan desde el día que el doctor dijo: es ñeña, ahí no entra el musculoso para gusto gusto. Súmale que cada vez que quiera ser como su amigo gay la opinión externa e interna la avasallará.
Mientras tanto al gay puede gustarle un fisicoculturista de concurso, un gordo que arregla impresoras, un profesor calvo, el jubilado con barriga, un twink obsesionado con los daddies, un daddy obsesionado con los chacales, un abarrotero albañil que en sus tiempos libres baila sonidero, un bibliotecario desnalgado, un tecnócrata que sobrevivió tres crisis económicas y una cirugía de vesícula.
Criterios como de IA descompuesta.
Un día quieren a un vikingo de gimnasio. Al siguiente a un señor que parece administrador de una papelería desde 1998. Luego a un cobrador de Coppel con mirada triste.
Después a un contador fiscalista que parece haber nacido con cuarenta y siete años.
Un mecánico.
Un chef.
Luego a un señor que parece haber sido dibujado por error.
Y las amigas joteras observan eso con desconcierto.
Porque los músculos deberían representar seguridad, at
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