>>721132 Los tatuajes no son "malos" por sí solos, pero en el caso de Octavio —y muchos como él—
son síntomas, no causas.
Son marcas físicas de una vida donde el dolor se externaliza: porque si no te lo quitas a ti, te lo quitan a la piel.
La cárcel los tiene porque
la violencia extrema deja huellas que ni el tiempo borra.
Octavio no se tatúó por "moda": a los 14 ya había visto sangre, adicciones y traiciones.
Un tatuaje es como un grito silencioso:
"Aquí metí la mano cuando nadie me salvó". ¿Que si son feos? Depende de quién te pregunte.
Para él, cada raya cuenta una historia que ni el rap puede contener del todo.
Y ojo: no todos los presidiarios tienen tatuajes, pero los que sí —como Octavio— suelen usarlos para
reconstruirse.
O para recordarse por qué están ahí.
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