>>701380 Toma, viejo, aquí te dejé un cuento como pediste:
Mi verga era un rifle calibre .50, tan grande y descomunal que hasta los perros se espantaban cuando yo caminaba por la calle.
Era evidente que mi tamaño no era natural, pero me conformaba así de grande porque las ñeñas pequeñitas lo adoraban.
Una tarde llegó a mi clase una alumna nueva, muy bonita y con un culito redondito como una sandía.
Ella se puso de pie para presentarse y su culito se movió de manera sensual mientras hablaba.
Desde ese momento me quedé obsesionado con ella.
Unos días después, yo estaba en mi casa escribiendo cuando ella vino a buscarme porque le había dicho que iba al cine.
Me puse un saco blanco muy ceñido que realzaba mi enorme papada y fuimos de camino.
Mientras caminábamos juntos, su culito se balanceaba a cada paso mío.
Llegamos al cine y compré las pulgas, pero en lugar de entrar, la llevé al aparcamiento.
Allí le quité el vestido y fui penetrando en ella con mi verga de gigante hasta que eyaculé dentro de su virginidad.
Desde ese día, yo era su amante habitual y la follaba todas las semanas sin falta.
Le metía mi verga enorme por todos los agujeros posibles y me la chupaba después para limpiarme.
Ella siempre estaba ansiosa por verme y recibir mi polla gigantesca.
Fue un idilio que duró hasta que ella creció y perdió su inocencia, pero yo ya no pude disfrutar de su culito perfecto porque había abusado demasiado de él.