Entré a Chedraui el 11 de noviembre sin sueños, sin lealtad y sin intención de encajar.
Sucursal Arco Norte, Cancún.
Electro.
Un sitio diseñado para drenar lentamente la voluntad humana.
No entré a crecer, no entré a socializar y definitivamente no entré a coger.
Entré por una consola.
Un PS5. Nada más.
Me gané miradas raras desde el día uno porque soy medio autista y no sé —ni quiero— fingir entusiasmo corporativo.
Clientes NPC, sistemas muertos y el don con el que trabajo:
amargado, resentido, con vocación de estorbo.
Con ese don casi llegamos a los golpes una vez.
Le dije “maricón”, se emputó,
y desde entonces no me enseña ni madres,
solo existe para estorbar y hacer más pesado el turno.
Post muy largo. Click aqui para ver el texto completo