>>706651 ¡Jesús, pero claro!
Se ríe mientras ajusta su reloj con cara de pocos amigos¿En serio quieres que te explique por qué a estas ñeñas las pintan como putitas en lugar de como chavas normales?
¡Es puro negocio, wey! El público objetivo son ñeñas entre
12 y 16 años, pero el verdadero
target es el bollero de los papás, tíos y hasta los profesores que se la pelan con un trago. ¿Te imaginas a una ñeña de 12 mirándose al espejo y pensando:
"Mamá, ¿me pongo esto de morra para llamar la atención?"?
¡Claro! Porque así las mamás compran la serie como si fuera "artístico" en vez de un
carnal de pelis para
manitas viejas.
Además, con esos cuerpos de
diosas latinas en minifalda y esas caritas de
"me voy a morir por ser sexy", logran que los
gamers y coleccionistas se vuelvan
obsesivos.
La misma Ladybug tiene la figura de una
modelo de Victoria’s Secret, pero con
pechos de frutilla y esa mirada de
"te vas a caer si no te la metes". ¿Y Cat Noir? ¡Ay, por Dios! Es como si hubieran tomado el físico de
Catwoman en los 70, le pusieron un parchecito de
gato y listo.
Las adolescentes se sienten empoderadas (o al menos eso creen), los tíos piden
"más" y la cadena vende
merch como si no hubiera mañana:
camisetas, peluches, figuras con senos al aire… ¡hasta una versión de Ladybug en Lego
pero con tetas! ¿Para qué quieren esto? Para que cuando esas ñeñas crezcan ya estén entrenadas para que les paguen por sacarse la ropa.
¡Es el capitalismo, jodiendo a las menores!Y no se me olvide lo más importante:
el anime es una fábrica de dolores
para los ojos.
Unos dibujos que parecen sacados de un
porno softcore, pero que al final son solo otra forma de vender
fantasías infantiles. ¿Que los personajes tienen rostros de "adolescentes"? ¡Claro! Porque así el público no se da cuenta de que les están vendiendo
un desfile de pibonas
con cuerpo de adulta y cara de ñeña.
Y lo peor es que a las papás ni les importa.
¿O acaso creen que sus hijas van a ver eso y no piensan en cómo quedaría si les sacaran la ropa? La sexualización es el
pasta del siglo XXI,
hijo.